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Parroquias

San Juan de Beleño

San Juan de Beleño es la capital del concejo y es el centro de servicios de la zona con Ayuntamiento, centro de salud, banco, farmacia, fondas, restaurantes y bares.

Se accede desde la carretera provincial AS-261 que, desde el Puente de los Grazos y tras cruzar el desfiladero de Los Corredores, lleva a los valles altos del municipio. El núcleo poblado incluye varios barrios, destacando en el recodo de la carretera Cadenava, a un kilómetro de Beleño con ermita y tradicionales viviendas rurales.

San Juan de Beleño está situado en una ladera soleada a 620 m. de altitud y se puede disfrutar de  una magnífica vista panorámica frente al Cordal de Ponga.

 

Al toponímico celta de Belennus, o Dios del Sol suma restos de época romana: una estela funeraria y una lápida con inscripción latina y reproducción grabada de una escena de caza (Museo Arqueológico de Asturias). El núcleo de población tiene interés arquitectónico por la profusión y buena conservación de las casas rurales, que se entremezclan con artísticas construcciones indianas donde aparecen las galerías, el azulejo y el cristal. Destaca en un otero la iglesia parroquial del siglo XVIII, ubicada antiguamente en otro terreno, con crucero de mampostería marcado, espadaña y campanario, arco de medio punto en la entrada y pórtico de madera sobre podio de piedra. De obligada visita son los miradores del Tombu la Espinera y les Bedules desde donde hay magnífica visión de los Picos de Europa.

 

Sobrefoz

 

 

Entre los edificios de relieve, por su antigüedad, sobresale el Palacio de la Costaniella con alero de madera tallada, portalón central y balcón, habiéndose perdido un corredor de madera lateral y la antigua capilla.

Otra edificación original se localiza frente a la iglesia donde la vivienda de mampostería se une al antiguo horno de pan mediante una galería de madera.

En el barrio de Yano una vivienda rural, fechada en 1.777 según consta en la fachada, presenta elementos de interés: piedra y madera talladas con balcón y alero sobresalientes.

Además se conservan tres relojes de sol o cuadrantes, destacando el que se empotra en los muros exteriores de la iglesia que data de 1773.

 

Viego

 

Se accede desde la Nacional 625, de Riaño a Cangas de Onís, tomando la desviación en el Puente Vidosa y ascendiendo por una impresionante carretera de montaña labrada en el desfiladero  que desemboca en el valle. También se llega por la regional AS-261 tomando la desviación existente a la salida de S. Juan de Beleño (PO-2).

El pueblo, a 700 m. de altitud y a media ladera, constituye un conjunto arquitectónico de interés por la valía y buena conservación de las tradicionales viviendas rurales asturianas.

Destaca la iglesia de Sta. María, construida entre los siglos XVII y XVIII, de planta rectangular, cabecera cuadrada y puerta de arco semicircular, con molduras de estilo barroco. Ambas puertas y los muros colindantes están protegidos por un original pórtico de madera rematado por zapatas talladas con volutas y motivos ornamentales geométricos.

Muy próxima está la casa Rubín, erigida en el siglo XVI aunque con varias modificaciones posteriores, perteneciente al solar de los Suárez Monasterio cuyo escudo incluía esta inscripción: "A pesar de todo venceré (...) Godos".

 

 

Viboli

Es un pueblo de piedra y madera dentro de la parroquia de Viego , dividido en dos barrios que se asientan en el fondo de un valle rodeado de montes. El patrimonio arquitectónico rural tiene interés como conjunto y como testimonio de un pasado aún reciente, sobresaliendo la pequeña iglesia, tres molinos y la antigua fábrica la luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Taranes

Sus orígenes históricos se remontan a época prerromana, pues su nombre se deriva del céltico Tarannis o Dios del Trueno y en sus proximidades se localiza el antiguo castro astur de El Castiello.

El pueblo está localizado al pie de la sierra del mismo nombre y constituye un conjunto arquitectónico digno de destacar sobresaliendo la iglesia parroquial de Sta. María, construida en 1779, con crucero original de dos alturas que se remata con una cúpula sobre pechinas y con bóvedas de medio cañón. Arquitectónicamente es una de las iglesias más ricas de la zona pues presenta en la fachada pórtico, puerta semicircular y ventana de arco apuntado, y, en el interior, pinturas al fresco.

Entre los edificios civiles sobresalen dos edificios del siglo XIX: la casa de la Plazuela del Sol que recrea el tipo de vivienda característica de la zona (anchos muros, planta cuadrada, tejado a cuatro vertientes, dos pisos y corredor de madera tallada) y la Corralada, en el barrio de La Barrosa, con su gran galería, dos puertas -en arco y dintel- y en la cubierta un remate abuhardillado.

 

 

Cazo

 

Alto y señorial, Cazo preside y vigila el valle del Ponga, en el que destaca Sellaño, rodeado de una cadena de pueblos: Ambingue, Tribierto, Los Laderos y Priesca, donde se dice que los romanos explotaron una mina de cobre. El origen de Cazo radica en la torre y en el antiguo coto señorial que donó Alfonso IX en 1.188 a Pedro García de Casso para su repoblación con gentes de otras tierras.

La iglesia del siglo XVIII, que cuenta con interesantes pinturas, está dedicada a Sta. Mª de las Nieves, patrona del pueblo, a partir de una transacción que los ponguetos realizaron con la vecina parroquia de Sebarga: entregaron una amplia tierra de labor a cambio de la imagen de la Virgen y del derecho a celebrar la fiesta de las Nieves.

 

 

 

 

 

Casielles

 

 

 

Casielles se localiza en una loma en el centro mismo del desfiladero donde retumba el eco de la campana de su porticada iglesia para unir sonoramente a los dispersos barrios que conforman la aldea: Cándano, La Sota, Caviella, Biamón y Tolivia (a 4 km. por un terreno muy abrupto).

 

 

 

 

 

Abiegos

Abiegos es un pequeño núcleo urbano entre Mestas y Sobrefoz al que se llega desviándose en el Puente de Retortorio.

Ofrece al visitante una preciosa iglesia del siglo XVIII que se caracteriza por su sencillez y buen estado de conservación: una sola nave y una capilla cuadrada, pórtico de madera apoyado en un muro ciego y puerta en arco sobre la que destaca un escudo.

La antigua hidalguía del pueblo se pone de relieve en la casa de la Merreguera, casona solariega de los Muñiz que puede datar del siglo XVII y que se ajusta al diseño de las construcciones señoriales de la zona: grandes proporciones, planta cuadrada, tejado a cuatro vertientes, dos puertas (en arco y adintelada), corredor y balcón, ambos con balaustre de madera tallada. A su lado se localiza la pequeña capilla familiar, cuya puerta se decora con molduras barrocas.

 

 

Carangas

Situado en una planicie al pie de la sierra del mismo nombre, Carangas es un pueblo alto, de aires puros y protegido de los vientos del norte. Se accede desde el barrio de Sotos (en la regional AS-261) por una carretera zigzagueante y empinada (PO-5) durante 4,5 km. de recorrido hasta llegar al Otero, donde se ubica el núcleo poblado con magníficas vistas.

En el conjunto arquitectónico presenta interés la calidad constructiva de las viviendas por la selección de los materiales y por las grandes proporciones de los edificios. Especial relieve tiene la iglesia, dedicada a San Esteban, pequeña construcción que, según Madoz, era de patronato real con una sola nave cubierta de madera y cabecera cuadrada con bóveda de cañón.

 

 

San Ignacio

Los pueblos beyuscos tienen en común un emplazamiento topográfico sin par, que les fuerza a estirarse escalonadamente en la roca, al borde mismo del desfiladero.

Los caminos se convierten en caleyas empedradas y empinadas que permiten el acceso a las viviendas donde subsisten ciertas formas de vida del pasado: molinos, horneras, hogares o llares y, sobre todo, los originales hórreos beyuscos caracterizados por la disposición del tejado en dos o tres vertientes. Esta tipología arquitectónica también se encuentra en los hórreos del valle de Valdeón -conocida como "hórreo leonés"- pero su extensión en los Beyos (24 ejemplares censados, según Guillermo Mañana) permite analizarla como una de las múltiples variantes del hórreo norteño que, según algunas opiniones, deriva su triangular cubierta de la tradición celta.

San Ignacio superpone sus casas en el reborde calcáreo del Beyu y conserva su capilla rural de mampostería con porche de entrada y espadaña en el remate.